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Es un gran placer tocar las “suites” 6 años después de que lo hice por primera vez acá y 12 años después de mi primera presentación para este maravilloso público.
2006.

Tengo taaaaantos buenos recuerdos de la BLAA que no sé cómo escoger el más importante.  Mirando hacia atrás, no se me borra la última vez que mi mamá, la soprano Sylvia Moscovitz, cantó en público. Fue en la sala de conciertos de la biblioteca, en el año 1987 según creo, y su repertorio fue todo brasileño.

Donde a hurtadillas leía con mucho sigilo las técnicas de mi afición que era el billar mientras esperaba la hora de escuchar en esa magnífca sala de música a los “jóvenes intérpretes”.

He asistido a tantos y tan buenos eventos que perdí la cuenta. Felicitaciones.

De los muchos recuerdos que tengo de la Luis Ángel Arango quizá los más vívidos son los de 1990, cuando iba todos los días a leer, pero me gastaba más de una hora haciendo fila tras unos chiquillos uniformados. Era una tragedia porque los niños mal usaban el computador, preguntaban a los de atrás y jamás estaban seguros de qué rayos estaban buscando. Al comienzo me moría de la rabia y el afán, pero esperaba estoico mi turno.
Un buen día, harto de hacer la cola, salí de la biblioteca a fumar y esperar que la hora pico de escolares pasara. Me recosté en una volqueta en la calle 11 arriba de la cuarta durante más de media hora. Y luego regresé. Efectivamente el trancón de colegiales había pasado, pude pedir mis libros con rapidez y me quedé leyendo en el cuarto piso hasta la una de la tarde. Cuando salí un avispero de policías tenía acordonada la zona, mientras un escuadrón especializado desactivaba una bomba. Y la bomba estaba justamente en la volqueta aquella de la calle 11.
Me quedé pensando muchísimas cosas. Sobre todo qué hubiera pasado si hubiese estallado aquella cosa en ese lugar. Quizá el lugar más sagrado de la ciudad: lleno de libros y lectores; y muchachos universitarios y colegiales. Me quedé pensando en el profundo daño que hubieran causado aquellos maleantes. Y en el tipo de maleante capaz de poner una bomba en una biblioteca.
La noticia pasó rápidamente en las noticias de las siete, por fortuna. De lo contrario hubiera habido una evasión de lectores tremenda. Y las directivas de la Biblioteca se hubieran visto a gatas para recuperar la fe de sus asistentes.
Luego de ese día, por supuesto seguí yendo a leer. Pero ya no peleaba en silencio con los escolares. Decidí convertirme en un asesor ad honoren de los chiquillos que querían información. Y mi espera de turno me lo pasaba siempre junto al computador explicando cómo funcionaba y tratando de aconsejarle a los chiquillos mejores rutas de búsqueda para sus tareas.
Aquella amenaza de bomba hizo mis días de biblioteca un asunto más dichoso. Fue la primera y única bomba alegre de aquellos tiempos.

Para la Sala de la Luis Ángel Arango con muchísimo cariño y agradecimiento.  Es siempre un inmenso placer tocar acá. Noviembre 22 de 2006

Cordial saludo para todos los que de una o de otra forma hemos tenido que ver con la Biblioteca Luis Ángel Arango. Recuerdo que cuando salía de la oficina a almorzar, pasaba un rato a la sala de música y me recreaba escuchando las diferentes agrupaciones tocando JAZZ, proyectadas en pantalla gigante; y en otras ocasiones me deleitaba leyendo un libro de música, literatura o arte. ¡Que gratos recuerdos!

Tengo varios recuerdos especiales de la Biblioteca. El primer recuerdo son los conciertos de los domingos en el auditorio a los que iba con mis papas y mis hermanos cuando tenía 12 años. Estos tenían un cierto carácter educativo y los músicos y directores explicaban conceptos y hablaban sobre los instrumentos musicales y su historia. Yo la pasaba muy bien. Ese era el plan de los domingos.
El segundo es la vista que se tiene de Bogota cuando se sube por las escaleras a las salas de lectura. Siempre me ha parecido encantadora.
El tercero es la exposición de Carlos Garaicoa. Como en esos momentos hacia parte del grupo de guías tuve la oportunidad de ver el proceso de montaje y su desarrollo.

Recuerdo de la Biblioteca el vídeo donde salía el mimo de un programa de televisión que se llamaba la “Brújula mágica”, con su perro imaginario explicando como buscar los libros en la biblioteca.

Es aspirar todos sus aromas para que se metan por mi torrente sanguíneo y así disfrutar de los bellos momentos que paso en la Luis Ángel.

Recuerdo especialmente que las salas de lectura parecian una colmena con tantos(as) personas tan diferentes,,,, es un espacio donde cualquiera puede integrarse y refugiarse en el conocimiento… Que nos permite escapar de los problemas del diario vivir y encontrar miles de respuestas a cualquier pregunta que ronde por la cabeza inquietante de quien siempre se pregunta el por qué de las cosas….

Recuerdo las grandes filas de los años 80. recuerdo que alguien me dijo que con el carné de la universidad no habia que hacer fila y a partir de ese momento nunca volvi a hacer esas filas, pasaba derecho, con los años vine a saber que el carné de la universidad era casi identico al de los empleados de la Biblioteca y por eso no hacia fila, ¡qué suerte la mia!

Cuando los auxiliares recibian los libros y los hacian resonar sobre las mesas, despertando nuestra somnolineta espera infantil de mas de una hora para realizar tareas.

Mmmmmm, pues un recuerdo reciente: un concierto de un pianista muy joven, Leglercq creo, música conmovedora y yo estaba comenzando a enamorarme de la persona que tenia al lado!

Recuerdo los muebles de los ficheros colocados contras las paredes de las salas. Los cajones profundos con las fichas plastificadas nos permitían perseguir los libros de tema en tema, de autor en autor. En ocasiones se sentaba uno en la mullida alfombra con un cajón del fichero sobre las piernas buscando controlar por instantes una sección de la biblioteca que otros usuarios disputaban. Eramos muchos jóvenes persiguiendo libros y llenando formularios que luego serían devorados por los pequeños ascensores que tienen el privilegio de bajar hasta los misteriosos depósitos de libros.

Son muchos y agradables los recuerdos en casi 25 años de recibir las bondades y beneficios de la BLAA; pero, en especial recuerdo la época –entre 2004 y 2005– en
que iba a retirar obras de autores colombianos o que versaran sobre la Colombia del siglo XIX, para digitalizarlas y crear libros electrónicos; auténticos e-books; no archivos de Word mal digitados y peor “diagramados”, si podemos hablar de diagramación en estos casos. Lamentablemente, el proyecto editorial destinado a digitalizar producciones colombianas del siglo XIX, nuestro “cuattrocento”, murió por falta de apoyo.

Recuerdo la sala de sillas de cuero -creo que verdes o azul oscuras-, tan cómodas, donde consultaba revistas y periódicos, cuya luz de Hemeroteca me hacía pensar en un espacio estelar. Y por supuesto, la Sala de Conciertos de la cual soy asiduo, pues es el mejor espacio que existe en Colombia para escuchar lo mejor de la música de cámara que llega a nuestro país.

Mi primera visita a la Biblioteca Luis Ángel Arango fue en la excursión de mi colegio en Medellín y la Biblioteca era parte de nuestro recorrido turístico. Como en esa etapa de adolescencia a todos lo que más nos llamaba la atención de Bogotá era ir a Unicentro y Crepes & Waffles, fuimos un poco a regañadientes a la Biblioteca. Cuando llegamos nuestra sorpresa fue enorme al ver el lugar, la cantidad de personas y yo por primera vez vi el diccionario de María Moliner.

Tengo los mejores recuerdos de la biblioteca desde mi época de estudiante en la Universidad de la Salle,siempre he encontrado no solo conocimientos profesionales sino tambien un sitio para la cultura por sus museos y sus conferencias.

Un gran recuerdo es cuando lleve a mi hija de dos años a la Donaciòn Botero y la sente en la escultura de la mano gigante….su sensacion, como acariciaba la mano…como la rodeaba…como la miraba. Realmente un bello recuerdo, mil gracias y feliz cumpleaños.

Yo solo tengo recuerdos especiales de la Biblioteca, pero hay una anécdota que habla muy bien de lo que hace y de la calidad de sus exposiciones.
Cuando se realizó la exposición 500 años de arte ruso ICONOS visite un par de veces la muestra y recuerdo con claridad la calidad de las piezas y del montaje. Un par de años después, en un viaje a Estados Unidos, me sorprendió ver en una exposición en el Metropolitano de Nueva York, que hasta entonces era una de las más grandes que se realizaban sobre arte bizantino, algunas piezas que había visto primero en Bogotá. En particular El Salvador Aquiropoeta de la ciudad de Gran Ustiug. El gusto fue doble, primero porque disfruté nuevamente las piezas y segundo, porque me causó una inmensa alegría corroborar que el trabajo que hacen en el Banco es serio y de una altura similar a la de grandes museos del mundo.

En una época de mi vida, cada vez que me sentía angustiada me iba a la Luis Ángel Arango, sacaba un libro, me tomaba un café y me calmaba. Una vez un amigo muy cercano estaba en problemas y necesitaba ubicarme y no sabia cómo….se fue todo el día a la Luis Ángel a ver si yo llegaba en algún momento y así nos encontramos!
Me encantó la exposición del señor ilustrador de libros…creo que se llama Arthur Rackham…! No olvido tampoco cuando expuse en Domestica de Nuevos nombres…super chévere!

En el año 2002, traída a Colombia por el Museo Nacional y el Banco de la República, tuvo lugar la exposición de obras maestras de la pintura europea, pertenecientes a la colección Gustav Rau. Gracias al Instituto de Bienestar Familiar quien acogió mi propuesta y a la hospitalidad de la Biblioteca Luís Ángel Arango, tuve el privilegio de acompañar a la exposición a mas de 500 niños y jóvenes, en su mayoría con sus derechos vulnerados, y a quienes la vida los ha tocado de una manera cruda emocional y físicamente. El objetivo de las visitas a la exposición se centró, tanto en un acercamiento a la historia de la humanidad a partir de encuentros, cruces y asociaciones con las obras de arte, como en procesos de comprensión y elaboración de la propia subjetividad, al lograr establecer vínculos con las vivencias y el entorno personal de cada uno de los niños. Hoy todavía profundamente conmovida con lo que asomaba en sus ojos, doy las gracias a cada uno de los niños por el valor y la confianza infinita que tuvieron al abrir y compartir espacios de su alma y de su corazón.

Recuerdo con profundo afecto y felicidad mis visitas a la Biblioteca. Aún después de haber pasado el tiempo de mis propias investigaciones de colegio y universitarias, agradecía profundamente que mi hijo me pidiera el favor de ir a hacerle algún trabajo de colegio o de universidad. Pasaron algunos años y cuando volví ya estaba muy tecnificada para mi gusto. Aunque me parece necesaria y me encanta la tecnología, añoro las épocas de las fichas y el sólo papel. Sin embargo sigue siendo un oasis delicioso.
Felicitaciones por este cumpleaños.

Recuerdo la emoción y la ansiedad que me producía la necesidad de ir a la biblioteca mas grande que podia yo imaginar. Era la solucion a todos mis problemas. Si una tarea no se encontraba en “La Luis Angel” no se encontraba en ninguna parte. Tanto rigor, tanto silencio, tantos computadores, tantos libros, tanto espacio. Tanto de todo en este importante lugar de la ciudad.

Recuerdo un cuento, durante una conferencia del seminario Diseño en concierto. El conferencista cerró el evento contándonos la historia de un brujo en Brasil que anuncio q haría llover un día x y a una hora especifica en un pueblo azotado por una sequía prolongada. Los convoco en la plaza central, pero pasaban las horas y no llovía… y no llovió. Le preguntaron por que no había hecho llover y respondió que porque la gente no había llevado paraguas. NO HABIAN TENIDO FE: siempre recuerdo esta lección.

Yo recuerdo de la Luis Ángel que cuando estaba en al bachillarato estudiaba en el Instiuto Tecnico Central subiamos con mis compañeros a pie a investigar las tareas que nos dejaban en el colegio y que en muchas ocasiones solo encontrabamos en esta biblioteca . Recuedo que mas de una vez sus funcionarios nos decian que ya era la hora del cierre que por favor entregaramos los libros , recuerdo los antiguos casilleros donde entregabas tu maleta y te daban una ficha, y recuerdo que en muchas ocasiones me colaboraron buscando algun libro en los estantes de la blibioteca (ubicacion).Recuerdo tambien que algunas veces sacabamos solo un juego de copias de la informacion que necesitabamos por que no teniamos mas plata y el resto las tomabamos afuera ya que salia mas barato. Tambien recuerdo que cuando tenia 12 años solo me dejaban entrar a la sala general asi que la primera vez que fui a las demas salas me puse muy contento ya que eran recintos que no conocia aunque arquitectonicamente es la misma estructura la experiencia fue diferente ya que lo que leia e investigaba era diferente, recuerdo y todavia lo hago que siempre que voy saco tiempo para hecharle un vistazo a las exibiciones permanentes que presentan.
por todo esto gracias ya que de mis 28 años por lo menos 17 he tenido el gusto de usar sus servicios.

Recuerdo lo bello que era llegar a la sala general de la BLAA y encontrar cientos de libros en estanterias los cuales uno facilmente podia perderce muchas horas entre sus paginas leyendolos sin necesidad de tanto sistema, era simplemente escogerlo en la estanteria entre millones de ellos y deborarselo poco a poco…

Fueron muchos recuerdos, de hecho, parte de mi infancia y adolescencia la viví entre libros allí en la biblioteca, recuerdo la sala Colombia, la General y las congestiones que habían para entrar a las mismas, pues el hecho de esperar que alguien saliera para que desocupara una ficha era bastante largo…. Pero eran buenas épocas, las exposiciones, recuerdo cuado fue un aniversario de la antigua conistitución de 1886 (creo que fueron los 100 años) cuando en la biblioteca se realizó una buena actividad relacionada con la consitución….
También, recuerdo con gusto la “colección” de afiches de los diferentes meses en los cuales se consignaban las actividades a realizar durante el mes. LLegué a tener más de tres años consecutivos de dichos afiches. Aparte de las actividades relacionadas con exposiciones, otra actividad que me encantaba era la de los conciertos todos los sábados en la tarde y ahí también coleccionar los programas de cada ocho días y no podía faltar el tinto, en el intermedio.
Ahora cuando tengo 37 años y miro hacia atras en especial a mi época de colegio, doy gracias a la vida por haber contado con la biblioteca para mi formación como ser humano y como intelectual.
Un abrazo grande a todas aquellas personas que laboran en la biblioteca.
Feliz aniversario …. biblioteca - hogar.

Con la BLAA salí a la jungla de cemento
El recuerdo más remoto que tengo de la BLAA, fue que, en mis primeros años de bachillerato, me sirvió para salir en conquista de la jungla de cemento.
Eso fue por allá a principios de los años noventa, cuando apenas empezada a gestarse la nueva democracia a la luz de (algo muy contradictorio) los obligatorios apagones debidos al fenómeno de El Niño. Y, afirmo que salí a la jungla de cemento porque me moví más allá de mi radio de acción: casa-colegio-casa, pero cabe anotar que en dicha jungla o, mejor, en dicho desierto, los dos entornos altamente hostiles para un niño de 12 años, encontré un oasis de sabiduría, artes, letras y música, incrustado en el entorno cultural más importante de la capital: el hasta hoy día emblemático barrio La Candelaria. Barrio del cual me volví vecino gracias a la actividad que desempeño como empleado del Banco de la República: mentor y gestor de la tan adorada “Luis Ángel”.

Tengo hermosos recuerdos de este espacio tan sublime, alli me encontraba todos los domingos y cuando me podia escapar del colegio, haciendo fila inmensa antes de las ocho de la mañana para poder entrar a la sala favorita y devorar mis libros. un recuerdo hermoso cuando fui con mis chicos del colegio, unos niños de tercero que lograron despertar ante un sueño, no conocian la ciudad y menos un lugar con tantos libros donde pasaban por canastillas y se elevaban por un pequeño ascensor, luego en la sala de musica con el sonido melodioso de sus voces y sus ojitos bien abiertos ante lo nuevo, los pasillos, lo inmenso de los espacios y la exposicion, ese dia salimos de alli con un sonrisa mas grande que el sol. sus ojitos brillaban de la alegria de haber estado en una ciudad donde los libros eran los protagonistas.

Amo a la Luis Angel Arango, instituciòn que me acompañó en los arduos procesos de sacar adelante mi licenciatura en ciencias sociales y mi maestría en enseñanza de la historia. Sin la “Luis” definitivamente no habrìa tenido acceso a tanto documento, espacios bellos y tranquilos para revisar bibliografía, hacer trabajos, preparar mis clases, realizar mi tesis. Gracias a mi amigo Albertico conocí a la “Luis” en 1990. Desde entonces no he dejado de ir y me he encontrado casi siempre con una biblioteca organizada, que escucha al usuario para mejorar. Me recuerdo a mis 19 años (hoy tengo 37) pasando jornadas enteras de 8:00 a 8:00 preparando mis lecturas y exposiciones para la universidad, accediendo a material, que, por mis escasos recursos, no habría podido comprar. Recuerdo los bellos atardeceres que iluminan los viejos tejados de la Candelaria y los hermosos cerros orientales de Bogotá, cuya panorámica se observa preciosa desde el fromidable ventanal trasero de mi querida biblioteca. ¡ Gracias Luis Angel Arango¡. Gracias a la gran mayoría de su personal amable y dispuesto a ayudar. Gracias a los arquitectos que diseñaron ese bello edificio. Gracias por utilizar nuestros impuestos en estas obras que alimentan el espíritu de todos los colombianos que hemos tenido la fortuna de visitarla.

Recuerdo Las largas filas para llegar al los cajoncitos es decir los tarjeteros par buscar el libro y luego esperar hasta una hora para que trajera un vigilante el libro y escribir y escribir hasta que la mano se me dormía.
Felicitaciones y que la Biblioteca Luis Angel Arango perdure por siempre.

La biblioteca creció conmigo, tanto en el sentido literal como figurado. Desde pequeño fui asiduo de la biblioteca y, la primera vez que fuí no podía creer que en un sólo lugar existieran tantos libros reunidos y para colmo de buenas, que allí encontrara los que tenian que ver con lo que desde esos tiempos ya era el germen de una pasión: el arte. Contaba con unos 10 años aproximadamente para esos tiempos (ahora tengo 37) y ya la biblioteca tenia a mis ojos, ese aire de “matrona respetable a la que no se le contradice nada” pero que de todos modos se le aprecia y se le quiere. Aire con que , de algun modo, sigo percibiendola.
De este modo, fui testigo de sus cambios y “padecí” también, por aquellas épocas, su prolongado cierre. Para descubrir asombrado, con que “la matrona respetable” luego de su cambio extremo era toda una “diva de la cultura” más acorde con los tiempos de final y principio de siglo que se avecinaban.
En fin….como olvidar cuando al usuario le llevaban los textos de consulta a la mesa, las fichas redondas metalicas, las fotocopias a 50 pesos y la imperturbable señora de lanza y casco a la entrada de la biblioteca. Nunca supe quien era (aunque siempre sospeche que era Atenea).
Un afectuoso saludo a la biblioteca, a sus funcionarios y a sus fans.

En el año de 1967 y 1968 en la Biblioteca(LABLA) tuve la oportunidad mientras estudiaba en la universidad, de consultar diversos libros, dentro de los cuales me llamó mucho la atención en el tema de antropología social, el texto de Ralhp Lington, al cabo de un tiempo volví a la biblioteca y este texto ya no existía, lo podría decirse o lo dañaron o lo retiraron.Deberían conservar estos libros tan buenos.Otro aspecto que me llamó la atención en dicha época de estudiante de universidad es que los celadores o mejor quienes vigilaban la biblioteca, ellos estudiaban tambien en la universidad y recuerdo que se graduaron de abogados uno o dos de estos empleados. Ellos estudiaban de noche en una de las universidades vecinas, esto da cuenta del ejemplo de superación, que hoy en día la juventud no aprecia como en esa época.En ese tiempo no existía como hoy la sistematización y los libros se entregaban al público de manera más rudimentaria, pero la calidad, el orden, la comodidad, la agilización y la seguridad son superiores a medida que avanza el tiempo.Esto da cuenta del valor tan grande al hacer reminiscencia de la Biblioteca Luis Angel Arango en su aniversario de la cual tengo tan gratos recuerdos.

La BLAA ha sido por mucho tiempo mi sitio preferido en la ciudad, recuerdo cuando era un niño que los viernes en la tarde tocaba una orquesta o trio de musica (en su mayoria clasica), en la plaza que conduce actualmente a la cafeteria del primer piso, habian muchas personas reunidas en la escalera y balcones que dan hacia esta plaza y claro el dia era perfecto por que normalmente los viernes en la tarde hasta el son de hoy no es tan frecuentada la biblioteca, deberian volver a hacerlo, sin embargo hoy son excelentes los conciertos que se presentan, es una selección compositores o interpretes de gran categoria y a un buen precio.

Muy joven, mi primer contacto con obras de Ramírez Villamizar y Gonzalo Ariza, con quienes, luego, tuve la oportunidad de compratir maravillosos momentos que transformaron mi mirada al arte y la vida.
Así, cuando mi hija Verónica cumplió 8 años, los celebramos con sus amigas asistiendo a un concierto de los domingos en familia y en otra ocasión visitando la exposición de una selección de obras del Museo de Arte de Sao Paulo…. para muchas de ellas fue su primera visita al “Centro” y a participar de expresiones estéticas… algo que hoy, ya profesionales, recuerdan con admiración y aprecio.

Las idas a la sala del quinto piso, a leer todos los dias después de la universidad, como ibamos todos los días con el grupo de estudio ya nos conocian, sabiamos que libros buscabamos…en fin, los conciertos…delicioso, muchos gratos momentos de la biblioteca. Gracias, sigo disfrutando de ella.

El recuerdo más bonito que yo tengo de la Biblioteca es haber tenido el placer de trabajar allá y haberla sentido como mi segundo hogar durante casi 3 años y saber que fue allí donde me nació el amor por los libros y donde inició mi vida académica pues gracias a la BLAA en este momento me encuentro estudiando una de las carreras más bonitas ” Sitemas de Información” o más conocida como “Bibliotecología”.

La verdad no tengo ningùn recuerdo de la Luis Angel Arango, pero si un sueño alimentado por los comentarios de quienes si la conocen.

Bueno, recuerdo especialmente los mundos ocultos de la biblioteca, los pasillos, la sótanos, los espacios por los que no circula generalmente el público, esos espacios escondidos, desorientadores, infinitos, profundos, llenos de libros y olores históricos, bodegas de arte y oficinas, todos trabajando articuladamente para que esos espacios públicos funcionen.

De la blaa me encanta todo, es dificil expresar lo hermosa y lo especial que es, me considero un asiduo visitante, y es allí donde he venido formandome dia a dia en todos los aspectos de mi vida. Un recuerdo especial para mi fue cuando cambiaron la sistematizacion para buscar libros, la actual es supremamente facil y comoda en comporacion de la antigua, el punto al que quiero llegar fue haber tenido la oportunidad de sentir ese cambio.

No es un recuerdo muy grato pero al fin recuerdo!
Recuerdo ese tres de octubre, es un recuerdo reciente, pero dudo que con el tiempo lo olvide. Subía casi corriendo por toda la catorce para doblar hacia la biblioteca, me dolía la cabeza no se porqué, supongo por la presiónde esa hora o porque mi amigo me esperaba para comprar las boletas para el concierto, al que finalmente no entramos porque se habían agotado. Recuerdo llegar a mi casa luego de perder el tiempo en la bibliotecay saber de la noticia de la muerte de mi hermanito… ¿cómo olvidar ese suceso en la Luis Ángel?

La primera vez que fui a la Biblioteca fue en 1982 no tenia ni idea de como se solicitaba un libro, se utilizaba el metodo tradicional sobre la ficha bibliografica y no pude encontrar lo que necesitaba. Tiempo despues aprendi a solicitarlos por computador y en ese periodo estudie para presentar mi examen de estado e ingresar a la universidad. Ahora soy profesional y le debo mucho de esto a la Biblioteca.

Yo estudié en un colegio muy ubicado muy cerca a la Biblioteca: “Colegio de los Ángeles, para niñas y señoritas”, como rezaba en la libreta de calificaciones, y nuestros vecinos, los niños del Agustiniano de San Nicolás, tenían la costumbre de celebrar los cumpleaños lanzando al homenajeado a la fuente, por lo que supongo, el banco decidió colocar la rejas que ahora tiene. Lástima!, ya no hay ceremonia de cumpleaños, que se convertía en un verdadero espectáculo, sobre todo, si era un chico de nuestros afectos el que participaba en ella. Claro está que las niñas del colegio NUNCA participamos en esto, pues de lo contrario la Señora Cecilia (rectora del colegio) Plof!….. no se que hubiera pasado.

Son muchos y muy gratos los recuerdos que tengo de la BLAA. Recuerdo estar inmerso entre cientos de libros en la antigua sala de referencia, sitio obligado para todos los estudiantes que buscábamos información para hacer las tareas de secundaria. Mi mente está repleta de buenos recuerdos de mis primeros años en la BLAA, recuerdo con claridad esa primera vez que utilicé un computador, miles de consultas al sistema Notis, la mapoteca, la hemeroteca y sus espectaculares mesas, la exclusiva sala de música, uhmmm… la primera vez que subía a la cafetería!. Hoy día la BLAA ha cambiado y su permanente evolución ha permitido ampliar y mejorar sus servicios, ahora incluso soy socio de la Biblioteca y puedo llevar los libros a mi casa, algo que jamás imaginé en aquella época en la que la visité por primera vez. Felicitaciones en sus primeros cincuenta años y muchos éxitos para el beneficio de todos.

Siempre es bueno saber que durante 50 años ha existido un espacio abierto a todos los que, primero, no encontramos en casa los libros necesarios para hacer una tarea, y luego, volvemos simplemente para inventarnos a nosotros mismos mientras descubrimos la historia de la humanidad a través de las artes.
Yo recuerdo la primera vez que fui. Estaba en tercer grado de primaria y debía hacer una tarea sobre la historia de los números. Como la enciclopedia de mi casa no alcanzaba para conocer la historia de los números, le pedí a mi mamá que me llevara a la Luis Ángel Arango. Ella mandó a un hermano, 8 años mayor que yo, a que me acompañara. Recuerdo que cuando entré me dio miedo de perderme y me aferré a la mano de mi hermano que en ese momento se convirtió en mi línea de vida. El me ayudó a buscar y pedir los libros. Yo, aún temerosa, me senté en una mesa a esperar; mientras tanto, veía desde por la ventana la ciudad lluviosa, la gente que entraba y salía, los libros en los estantes de las paredes, y entre todo ello, siempre volvía la mirada hacia la espalda de mi hermano. Cuando él por fin se acercó, trayendo entre sus brazos los libros que habíamos pedido, era como si trajese consigo una manta cálida que me confortaría inmediatamente. Abrí cada uno de aquellos maravillosos libros que apenas si cabían entre mis brazos, se me olvidó todo, hasta que estaba con mi hermano y transcurrieron horas mientras yo miraba aquellas páginas llenas de historia. Recuerdo que me embargó un a sensación de paz y tranquilidad total durante aquellas horas. Volví a darme cuenta de dónde estaba, cuando mi hermano de un grito me dijo que era tardísimo que debíamos irnos de inmediato porque iban a cerrar. Yo no lo podía creer. Acaso ha pasado tanto tiempo, pensé, mientras mi hermano me llevaba del brazo hacia la salida. Yo solo decía que no había terminado la tarea y debíamos volver.
Ni mi mamá, ni mi hermano me volvieron a llevar para terminar la tarea, sin embargo, yo sabía que en cuanto pudiese volvería. Eso ocurrió varios años después, cuando estaba cursando tercer año de secundaria y fui con un grupo de amigas de colegio. Desde ese regreso hasta hoy, cada vez que llego y empiezo a ver los libros, los videos, las exposiciones de arte, o lo que sea, simplemente me ocurre lo mismo, me dejo llevar hasta perder la noción del tiempo, tal y como me pasó la primera vez que fui a la Biblioteca Luis Ángel Arango.

A parte que en la biblioteca le declaré mis sentimientos a mi esposa, recuerdo también con agrado el seminario sobre arte y cine de las Vanguardias que dictamos con Augusto Bernal en el auditorio del Museo de Arte.

Tengo en mi memoria las papeletas o formatos donde se anotaba el libro que deseábamos ver luego de la búsqueda en los ficheros. También las fichas redondas con el número del puesto donde esperábamos la entrega del material. Conocí la Biblioteca en 1971.

La Biblioteca Luis Angel Arango ha sido a traves de mi vida un lugar maravilloso donde
siempre he encontrado algo nuevo que aprender gracias por ser un ejemplo de lo que
nuestro maravilloso pais puede hacer por la cultura y el bienestar de Colombia.

Recuerdo, La Sala Colombia, y la majestusidad del silencio, en cada sala. los ficheros para buscar los libros revistas y periodicos a travez de los microfilms, recuerdo incluso a los Señores con su carrito para entregar los libros en cada mesa, y si de veras que las proporciones cambian, recuerdo que para mi era grandisima y muy alta con luces que me habian contado que eran luces con un sistema solar, los ascensores de los libros que llegaban repletos con pedidos, para la clasificacion, por mesas, ERA REALMENTE MARAVILLOSA ESA EPOCA, Yo era muy pequeñito y debia presentar mi tarjeta de identidad,recuerdo las primeras salas de musica, para escuchar. Fue mi primer encuentro real con la lectura.y la organizacion que ha caracterizado esta grandiosa institucion.

Genera nostalgia los cuarenta años y más, cuando por primera vez fuí a la biblioteca, pero también produce mucha alegria, presenciar los avances tan interesantes que se han dado en los 50 años. felicitaciónes.

Cuando era niña vivíamos en Bogotá y mi papá trabajaba en la casa de moneda que quedaba al frente de la Biblioteca, entonces yo visitaba mucho ese sitio. Un día mi papá me llevó a conocer la Biblioteca y por estar entretenida con unas pinturas en unos salones grandototototes me perdí y duré un ratito desorientada llorando. Después tuve oportunidad, ya mas grande de visitar la Sala de conciertos, que sigue siendo tan linda como siempre.
Ahora que soy empleada agradezco la oportunidad de que pueda escribir sobre mis recuerdos de la Biblioteca cuando fui una niña , y lo que recuerdo y se es que “la Biblioteca sigue creciendo con su público” como lo mencionan en la difusión de la misma y que con motivo de los 50 años de Aniversario permite traer los mejores recuerdos de este excelente lugar.
Saludos cordiales.

La experiencia personal de trabajar con gente interesante y a la vez apasionada por su trabajo.

Estuve hacia los años 1986, 1987 ú 88 (no recuerdo exactamente el período) en unos conciertos didácticos de música de cámara en la sala de conciertos de la biblioteca, al final de los cuales había unos foros; aprendí mucho y conocí y me deleité con algunos de los maestros colombianos más destacados, como Frank Preuss, Mauricio Cristancho y su padre, etc., dirigiendo a grupos como Olav Roots, el grupo de cobres de la Orquesta Sinfónica de Colombia. etc. y también escuché a Ellie Ann Duque, espléndida conocedora del tema y muy agradable la cadencia de su voz y la forma de trasmitir su saber.
Felicitaciones a todo el grupo humano que ha hecho de la Luis Angel Arango una de las bibliotecas mas reconocidas de Latinoamérica. Que viva la Luis Angel Arango!

“Un corazón de libros que late muy fuerte en el centro de la ciudad”. Esa fue la imagen evocada cuando la conocí recién llegué a la capital.
Recordarla me evoca también encuentros con la música y los amores: escritoras y escritores, obras, iconos, personas…, me gustaba pensar que era un espacio creado para ello bajo el marco protector de los cerros y el atardecer capitalino, en un lugar que guardaría no sólo el conocimiento sino el tiempo: la Candelaria.

Como algo muy especial para mí, recuerdo los conciertos de grandes interpretes, el organo de la sala me pareció espectacular. Recuerdo las exposiciones de arte que guiaba el señor Duarte French a quien recuerdo con cariño por su forma de guiar las muestras, su amabilidad y su calor humano. En cuanto a la biblioteca en sí, las veces que tuve necesidad de hacer consultas, me fue de gran ayuda.

Siempre todas las esperas.
El sitio de todas las citas.
Mi mejor aula.
Así la recuerdo.
Como un cuadro de Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos
Seductor encomiable de las paredes oleáceas de eso que un día aprendí, era la pintura.
Como era de esperarlo, mi dedo sobre el cuadro, el celador sobre mi hombro.
Para el niño que fui
El joven que perdura
El artista que persiste
Siempre una mesa de estudio, un escondite, una exposición.

Tengo recuerdos muy importantes de la mejor Biblioteca del país, el mejor sitio para la investigación y el descanso, las mejores exposiciones y conciertos y ante todo, un equipo humano muy especial que siempre ha estado al servicio de la comunidad en todas las facetas de su cultura. En esta conmemoración tan importante y desde mi modesta posición como Afiliado y Usuario de este centro, reciban mi más respetuoso saludo y permitanme FELICITARLES ..! a todos Ustedes por esa gran labor.

Corrían los últimos años 60 y recuerdo que eran tan aburridoras las clases en el colegio, que me escapaba, pero no a jugar billar, sino a leer lo que realmente me gustaba en la Biblioteca Luis Angel Arango. Allí pasaba las hora y salía a eso de las 2 de la tarde hacia mi casa como si hubiera estado en el aburridor colegio.
Con la perspectiva que da el tiempo, hoy sé que esas lecturas fueron determinantes en mi vida, así que la Luis Angel Arango es junto con mi hogar y el aburridor colegio, algo muy importante en mi vida.
Un recuerdo menor, pero que señala cómo ha cambiado la sociedad es el siguiente: en esas épocas se permitía fumar en las salas de lectura. Había tres ceniceros grandes de vidrio por mesa, y un empleado pasaba y los iba desocupando y limpiando. Hoy día esto sería inconcebible.

Mi primera exposicion colectiva fue en el espacio que ustedes crearon y han llamado ” Nuevos Nombres”….. ha sido de los recuerdos mas gratos de mi vida como artista….

A finales de los años ochenta yo vivía en la Calle Novena con la Carrera Tercera, en La Candelaria. Estudiaba literatura en la Universidad Javeriana, me había ido ido de mi casa y había perdido todos los privilegios de mi clase. No tenía un centavo. Como es apenas obvio, no podía comprar libros ni hacer una biblioteca. Por fortuna, a dos cuadras estaba la Luis Ángel, que fue mi salvación. Recuerdo haber pasado en esa edificación días enteros leyendo, consultando, tomando notas. Días entre semana, festivos, sábados, domingos… Los porteros me saludaban, los empleados que prestaban los libros me anunciaban a veces que ya iban a cerrar la biblioteca… Más tarde, durante mi tesis, la escribí prácticamente en la biblioteca: trabajaba a mano y luego pasaba a máquina el texto (no había computadores entonces). Todavía hoy en día paso frente a ella y los recuerdos me llegan por montones: páginas, personajes, ideas, descubrimientos… Lo único que no logré fue conseguirme una novia. Soñé siempre con hablarle a alguna de las lectoras, pero nunca me atreví. Me daba vergüenza pasar por un joven ligero. Así que las vigilaba desde los libros que leía y soñaba con ellas. Más de la mitad de mi juventud descansa entre esas cuatro paredes. Quizás la mitad más feliz.

Aún siento el olor del tinto que disfrutábamos en el portón de los libros. Los que no disponíamos de una sala de estudio cómoda en casa encontrábamos allí una excelente alternativa porque además del estudio contábamos con deliciosas alternativas como el ya añorado tinto gratis y los conciertos a los que religiosamente acudíamos. Otro recuerdo, no tan grato eran los ficheros de madera que albergaban las fichas bibliográficas de las cuales dependía nuestra supervivencia académica. En más de una oportunidad sentí naufragar pues algún lector afanado había arrancado justo la del libro que yo quería consultar.
En fin, creo que para mi generación, la Luis Ángel Arango hace parte de nuestra memoria colectiva de la que nos sentimos orgullosos.

Son muchos los recuerdos especiales que tengo de la BLAA, pero me centraré en los que tuvieron un especial impacto en mí. Mi primer grato recuerdo fue hace muchos años cuando estaba en grado noveno o décimo en el colegio y mi profesora de Historia del Arte nos llevó al entonces Museo de Arte Religioso a ver una exposición con obras de Peter Paul Rubens. Todavía recuerdo mi emoción de niña de 14 o 15 años al estar frente a estos cuadros enormes que retrataban a unas mujeres blanquísimas, desnudas y voluptuosas sobre mantos de terciopelo rojo. Mi recuerdo está todavía plagado de ese rojo y de esa sensación de querer tocar esos cuadros. Hoy en día creo que esa sensación indescriptible condicionó no solo mi amor por el arte sino por los pintores flamencos.
Otro de mis más especiales recuerdos de la BLAA es el de haber podido conocer y escuchar a Jordi Savall, Montserrat Figueras y sus agrupaciones Hesperion XXI y Capella Reial de Cataluña en su maravillosa sala de conciertos, además de otros conciertos más, organizados en el Teatro Colón y en el Jorge Eliécer Gaitán. En febrero de 2006, en la conmemoración de los 40 años de la sala de conciertos, tuve el enorme privilegio de que el mismísimo Jordi Savall me autografiara sus últimos discos y, encima de todo, ¡me diera un beso en la mejilla! Ese día estaba caminando cinco centímetros por encima del piso.
Por último (y para no extenderme más porque ahora que empecé traer estos gratos recuerdos a mi memoria siento que podría enumerar mil), en la BLAA tuve la oportunidad de escuchar a algunos de mis escritores portugueses favoritos como José Saramago y Antonio Lobo Antunes. Sin contar con que Saramago me dio también un autógrafo y un beso en uno de los pasillos de la BLAA…

Y lo q más recuerdo es los ficheros para poder buscar los libros q se necesitaban, pués mis compañeras de colegio no se lo sabían muy bien, entonces siempre q buscaban varias cosas, Yo tenía q ser invitada (buen pretesto para estar cerquita de los buenos amigos, LOS LIBROS, bueno ellas también); porque gracias a q mi Mom trabajaba cerca, conocía la Biblioteca muy bien.
Otro recuerdo hasta curioso estaba haciendo filas para entrar a los computadores con CEBRA y todo, es q me dio un bochorno y me desvanecí y hasta cuando casi llegó al suelo fue q se dieron cuenta las amiguitas, jijiji fue muy chistoso el susto para ellas y para las personas de vigilancia y ayudantes de la biblioteca.

Que rico cuando por mi mente pasa un precioso libro por ejemplo los cuentos de los hermanos Grim o màs adelante el curso de quimica de Ignacio Puig en fin en el año 1960 tenia la edad de niña y visitaba la biblioteca los domingos para leer los cuentos despues en mi bachillerato a unas pocas cuadras estaba el “Ateneo Femenino” Mi colegio del cual me gradue y que ya desaparecio………….. Pero esto me trae a mi mente mis cotidianas visitas a la biblioteca. Recuerdo escuchas su silencio era sìmbolo de respeto a los durmientes libros que nos esperaban pero primero como preàmbulo tenìamos que ir a los armarios llenos de fichas seleccionados por temas que conociamos muy bien era como un juguete despues de despertar al libro nos lo llevaban a una mesa grande donde nos dedicabamos a leer la mente del libro solicitado habìa que tratarlo con cuidado aprender a vaciarlo y aprender a llenar nuestra mente pues no habìa fotocopiadora. Felicitaciones en su cumpleaños. Ahora la visito los Jueves pero igual con el mismo respeto por el silencio para poder escuchar toda su sabidurìa Gracias por permitirme expresar mis lindos recuerdos.Con el aprcio de siempre. Ruth Martìnez.

Firmo estas líneas emocionado por haber encontrado una sala, un piano y (sobretodo) un público envidiable y maravilloso. ¡Anhelo volver!
8 de septiembre de 1996

Los recuerdos que tengo de la biblioteca han sido y serán siempre los mas gratos. Desde cuando vine a estudiar a Bogota por allá en los 80’s puedo recordar con agrado las salas de lectura mis fríos y solitarios días de domingo en la tarde. Los recorridos por la Colección de arte colombiano. En los 90 nuestros trabajos en la colección, los amigos artistas durante las conferencias y encuentros. Ante America y el encuentro teórico, Carolina Ponce de Leon entrañable amiga. Las consideraciones siempre especiales para mi trabajo. José Ignacio Roca, Luis Fernando Ramírez, Carolina Muñoz y los otros amigos, siempre pendientes de todo lo necesario en las exposiciones. Rojo sobre Rojo, Do it de José Ignacio y Hans Ulrich Obrist. Nuestro intercambio con mexicanos. Mis charlas, siempre fallidas y confusas frente a las iluminaciones de los amigos artistas hablando amorosamente de sus cosmovisiones del mundo del arte. Un maravilloso lugar lleno de luz y calor como un puerto abierto y seguro. La Biblioteca Luis Ángel Arango, la biblioteca de COLOMBIA. Felicitaciones y un gran abrazo en este grandioso 50 aniversario. ¡Gracias!

Recuerdo la primera vez que llevé a mi hijo a ver una película muda en la salita de música….él tenía un poco menos de tres años. La película tenía que ver con un tren, como la imagen no tenía sonido, el niño cada vez que veía el tren imitaba ruidosamente el sonido del tren, y por supuesto los demás adultos dejaban salir su incomodidad con un !chiiiiiiiiiiii! a lo que el niño hacía caso omiso…terminamos disfrutando enormemente la película en un ambiente de complicidad mutua entre nosotros dos….
Madeleine y Arturito.

Durante el primer semestre de 1986 me pasé a vivir al siglo XIX en la Biblioteca Luis Ángel Arango, con el fin de preparar la exposición Colombia 1886 con la que se conmemoró el centenario de la constitución colombiana. De esos frenéticos meses no puedo olvidar la permanente emoción del descubrimiento de libros, manuscritos, periódicos e imágenes. Y las escapadas a la bóveda de libros a curiosear los mayores tesoros. A lo largo de los siguientes años tales emociones y delicias se han repetido con la colección de arte, con el Museo del Oro, con las conmovedoras pinturas y dibujos de Fídolo González Camargo y con la espléndida donación Botero. Doy fe entonces de que es cierta la idea borgiana de que el paraíso es una biblioteca.

¡Hacer música entre amigos y en casa es más de lo que se puede pedir! 2007

Mi memoria no es tan buena, pero recuerdo la primera vez que fui a La Luis Ángel en bachillerato por una investigación del colegio. Entré en la Sala General (eso debió ser por allá a comienzos de los 80) y quedé impresionado por la luz, la arquitectura y el silencio del lugar. Me pareció enorme, casi impersonal; y a la vez extrañamente cálido. Me la pasé mirando a la gente y a los demás estudiantes de colegio ir y venir y mirar también a los otros, en silencio o hablando en susurros. Me llamaban mucho la atención los que como yo estábamos con la sudadera del colegio y andaban siempre en grupo, como jóvenes deportistas en un raro evento intercolegiado: “Pasarse el libro”, o algo así. Hablamos sobre el peor uniforme de gimnasia y creo que resultó ser el nuestro. Recuerdo entre otras cosas haber pensado: “Mente sana en cuerpo sano”, mientras espiábamos a las niñas del Carmelo. Más tarde me enteré que la mayoría de colegiales que usaban la Biblioteca Luis Ángel Arango iban en plan de cuadre, a buscar pareja, a coquetear. Me pareció completamente natural, un valor agregado (de amor y deseo) revitalizante. Como yo era un “nerdo” pues nunca iba en plan de conquista; pero no dejaba de fantasear con que una niña divina se sentase a mi lado y me pidiera un “esfero de sobra” o algo así. Lo segundo que recuerdo gratamente de la Luis Ángel, fue la exposición Anteamérica. Me impactó sobremanera. Yo estaba recién salido de la universidad y la visité mil veces. Estupenda curaduría, estupenda muestra. Otro revitalizante cultural inolvidable. Quizás la recuerdo tanto además, por una linda guía que nunca se acercó a explicarme nada. Ah, tiempos aquellos!!!

Recuerdo esos enormes computadoes ibm, con pantalla monocolor brillante y la gente haciendo fila detras de cada uno pues tenian mucha demanda y la oferta de equipos era insuficiente.
Felicidades en su cumpleaños
Un gran abrazo.

Me acuerdo cuando estaba en primaria, y veia la biblioteca inmensa con todos sus libros y el sistema de busqueda con sus computadores IBM y la pantalla en negro con letras verdes, eso era muy gracioso buscar los libros y sin saber manejar el catalogo.

1991. Recuerdo la música de Ravel y de Satie en la casi penumbra de la sala de música, cerca de los pianos y las partituras en “alquiler”. Recuerdo la lectura deliciosa de Ambrose Bierce, de Leo Maslíah, de Mario Vargas Llosa, y de los libros mil veces manoseados de los Caligramas de Guillaume Apollinaire. Y recuerdo en especial mi soledad. Esa soledad de joven de provincia que sale de su casa a estudiar a la capital y que se encuentra con la dicha y el placer de estar solo para poder ir a disfrutar de las muchas delicias ofrecidas por la Biblioteca Luis ángel Arango. Sí.

La Biblioteca la conocí cuando estaba en quinto de Bto. mm…1971, era grande y fría, siempre que entraba a consultar un libro me dormía y me despertaban cuado iban a cerrar; creo que en esa época nunca logré leer nada, pero iba para ver las exposiciones de arte. Allí vendí mis tres primeros cuadros antes de inaugurarse Nuevos Maestros en la plástica -1977, allí he llevado a mis estudiantes de Arte y Diseño, Vivo en otro lugar de Colombia pero siempre que saco un día en Bogotá voy a mi Biblioteca. cada vez que entro a internet un mensaje de la BLAA, me recuerda que es parte de mí. Ella ha crecido, son de las pocas cosas que crecen con uno, es muy importante tener en cuenta esto de las instituciones, de las entidades, de las personas.
Un gran saludo a todos quienes conforman este súper equipo, que siga creciendo!!!

Recuerdo muchas cosas de la BLAA: el portal de los libros, la sala dónde se veían conciertos y obras dramáticas que a mi corta edad fui aprendiendo a ver. Muy, muy chiquito, los concursos de pintura y un par de premios que no me gané y me hicieron llorar.

En verdad tengo muchos recuerdos especiales. Tendría que diferenciar entre los recuerdos artísticos, musicales, académicos y también sentimentales. Tal vez el momento más especial fue el día en que vi por primera vez a quien más adelante se convertiría en mi esposa, María Victoria, quien trabajaba en ese entonces en la Sección de Artes.

Desde pequeña oía con frecuencia el nombre de Luis Angel Arango, era el papá de mi tía política Clara, o Clarita como le decíamos con cariño. La primera vez que fui a la Biblioteca tenía 17 años, cursaba once grado y tenía que buscar información sobre el filósofo Helvetius para un foro en el colegio. Recuerdo mucho la sala de Referencia, la cantidad de gente y las filas para sacar unas copias. Fue una tarde de sábado agitada en la que mis compañeras y yo encontramos lo que habíamos ido a buscar pero yo aún no sabía la importancia que la Biblioteca iba a tener en mi vida y todo lo que me iba a enseñar.
Me volví visitante asidua cuando comencé mis estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Los Andes y el plan era salir de clase e irme caminando por las calles de La Candelaria hasta la Biblioteca. Allí buscaba en los ficheros, llenaba el papel con la información del libro que necesitaba, se lo pasaba al encargado y me sentaba en la enorme Sala General que tenía vidrios en lso techos a esperar. Miraba el ascensor que subía y bajaba con los libros y me imaginaba cómo sería ese mundo subterráneo, ese mundo oculto a los ojos de nosotros los usuarios, millones de libros bajo mis pies y sin embargo una milésima parte del conocimiento. Me imaginaba la biblioteca descrita por Umberto Eco en “El nombre de la Rosa”, oscura, llena de msiterios y laberintos. Volvía a la realidad cuando anunciaban en un tablero a mano la llegada de mi libro: Borges, Tagore, Shakespeare…
La Biblioteca cerró durante año y medio para remodelación y ampliación y sentí como si una gran amiga se hubiera ido lejos, cómo la extrañé. Luego se me presentó la oportunidad de entrar a trabajar allí. Mi cargo era Operador de Colecciones y mi sueldo 53.333 pesos. Fue mi primer empleo y recuerdo mi primer día a pesar de los casi 18 años que han transcurrido desde entonces. Sentí emoción por estar entre libros que es lo que más me gusta y decepción al comprobar que los depósitos subterráneos en los que se guardaban las colecciones estaban lejos parecerse a las descripciones de Eco.
Tengo tantos recuerdos de los cinco años que trabajé allí que sólo menciono algunos: la vez que la Jefe de Servicios le mostraba la Biblioteca recién inagurada a unas personalidades y me pilló durmiendo en la Sala de Audiovisuales que aún no se abría al público; la niña de seis años que me hizo una pregunta sobre ingeniería nuclear; los loquitos de la sala de humanidades; cuando comimos pollo asado en el depósito y obviamente nos pillaron; los besos furtivos detrás de los estantes con mi novio que trabajaba en el depósito de enfrente; los sin tocayo que dejaban la cédula en los casilleros; las plaquetas verdes para señalar cuando un libro se iba a las salas; las papeletas que imprimía la impresora de punto; las cajas rojas dónde iban y venían los libros; tantos buenos compañeros; los inventarios con listado en diciembre; la avalancha de trabajo en semana santa; los pesados uniformes de paño….y mil cosas más.
Hoy digo orgullosa que mi profesión es Filósofa bibliotecaria pues casi toda mi vida laboral la he desarrollado en bibliotecas y todo comenzó hace muchos años en la Luis Angel una tarde de finales de mayo.

De la BLAA tengo muy buenos recuerdos especialmente de las exposiciones de LeParc, Fantasmagoría y Tecnología de la desilusión.

Recuerdo unas mesas largas, unos techos altos y el olor a libro. Recuerdo la luz de la sala de conciertos y un laúd en el escenario. No es que sea sorda, pero la Sala de Conciertos siempre me ha parecido una sala maravillosa, redonda, acogedora, con una luz sensacional y donde he visto los objetos más extraños. Recuerdo mi sorpresa cuando transformaron el hall de entrada y consulté por primera vez el catálogo por computador. Recuerdo también la exposición de Garaicoa y la de Boltanski. Siempre que pienso en la Biblioteca pienso en la calle 11 y en lo bonita que se ve al atardecer.

Gracias por la oportunidad de exponer estos recuerdos de mi infancia cuando casi ni alcanzaba a los muebles (ficheros) donde buscábamos la tarjetica con el código lleno de letras y números para encontrar el libro deseado y la sala con un aroma especial y el silencio que debíamos guardar cuando las personas que cuidaban la sala daban vueltas a nuestro alrededor cuando estábamos sentados en las mesas de lectura, se caminaba lento y el silencio era absoluto bueno y nunca se escucho timbrar un celular pues no existían. Felicitaciones porque con la cultura es que se forma y enriquece un país y así mismo la humanidad entera.

Recuerdo la modernidad y enormidad aplastante de la biblioteca en los años 60 respecto del entorno aun casi intacto del viejo barrio de la Candelaria. Recuerdo también los funcionarios-Hormiguitas que de pronto, prodigiosamente, se sumergían o escalaban el enorme vientre de la biblioteca en busca de nuestros pedidos bibliográficos. A una cuadra de la Biblioteca, por la calle 11, el Agustiniano donde mis pasos anduvieron. A otra cuadra esta vez por la carrera, la casa de la tía abuela y su fervorosa cocina a leña.

Regalos. Recuerdo las requisas a la entrada… y alguna vez la vigilante tenia una estrella de muchas puntas en origami y al entrar le dije que estaba muy chevere… y me la regaló.
Olores. Las fotocopias recien sacadas.
Feliz cumpleaños y espero volver…

Los Santandereanos tenemos una deuda de gratitud por la colaboración prestada a partir de 1987 hasta nuestros días, tal como se registra en el salvamento del archivo del municipio de Girón destruido por un incendio, el rescate e investigación de los tejidos Guane, el incentivo para el estudio de la trayectoria del arte en Santander (investigación por décadas), el programa expositivo itinerante, el canje de libros y actualmente la Red de Bibliotecas.

Un feliz cumpleaños recuerdos tengo muchos pero en especial como mi tía trabajaba allí un día me pació por la bodega de los libros eso me impresiono la forma como estaban los libros organizados parecia un lugar en las entrañas de un gran castillo medieval algo así como las películas un lugar donde hubiera querido permanecer por lo menos un día para soñar y degustar recuerdo la primera ves igualmente que vi la custodia de la lechuga en su gran bóveda me impresiono por su colorido y su belleza realmente es un lugar que visito con mi hijo cada ves que puedo viajar a Bogotá de una manera monótona le relato una y otra ves la misma historia como hago con mis alumnos en mi clase de pintura la biblioteca como las otras nuevas bibliotecas son un ejemplo de paz y prosperidad para nuestro gran país que siempre tiene algo bello para sentirnos orgullosos una buena celebración el 23 de abril día del libro.

Recuerdo las filas largas de estudiantes con anhelos de aprender, investigar o quizás de cumplir con alguna tarea. Esas filas desaparecieron gracias al avance de la tecnología y a la multitud de servicios que permite a los usuarios no desplazarse a este bonito sector de la Candelaria.

Lo que mas recuerdo de la blaa es el portón de los libros cuando quedaba por la carrera 4ª, un sitio obligado de encuentro, ofrecian un delicioso tinto gratis, también un maravilloso refugio para leer y escribir.

Recuerdo la biblioteca desde que era muy pequeña y del colegio me llevaban, tambien luego cuando entre a la universidad la biblioteca se ha convertido en un lugar que frecuento mucho, tomo prestamos externos todo el tiempo, y es un excelente espacio para investigar, conocer gente y vivir experiencias unicas. Exposiciones como la de leparc y eventos como artronika, hacen de este lugar un espacio para experimentar nuevas emociones y conocer. En todo el tiempo he conocdio gente, escritores, pintores uno que otro estudiante….. tambien conoci alguna vez a un pintor que me dibujo ahi en el segundo piso, y aun conservo su dibujo!!!! que bonito….. me encanta este lugar!!!

Un caluroso saludo a todo el personal tan humano y excelente de la Biblioteca, que fue por muchos años (durante mi bachillerato), como mi segundo hogar. Yo era “una ratoncita de la b