En el año de 1970, cuando estudiaba LingÛística y Literatura en la Universidad Santo Tomás, nos remitieron a hacer una consulta en la biblioteca Luis Ángel Arango, sobre los incunables. No la conocía y cuando empecé a recorrer los salones hasta llegar a la sala deseada, ya iba impregnada de un profundo respeto casi reverencial porque lo percibía como el gran templo de la cultra.
Jamás se me ha borrado esa primera impresión que fué narrada a mis hijos y ahora a mi nieto mayor a quien he llevado varias veces a todas sus dependencias, especialmente a los conciertos que son espectaculares……

Anuncios