Feliz cumpleaños a la BLAA. Los mejores recuerdos de mi juventud me llevan siempre a la Sala General y a la Sala Colombia a buscar el número del puesto que me correspondía cada vez que iba a consultar a mis mejores amigos, que lo han sido toda la vida y seguirán siendo hasta el último momento de mi vida. Los libros me han transmitido tantas enseñanzas, sin las cuales no sería quien soy como persona, tantos secretos confiados a esos amigos incondicionales, con quienes compartí tristezas, angustias, soledad y, también algunas alegrías que disfruté como deportista, cuyas imágenes están allí guardadas en algún tomo de El Tiempo. Llegar al Portón de los libros era tan emocionante como cuando alguien llega a su casa solitaria, donde le esperan aunque sean los gatos y el perro, que son igualmente amigos incondicionales. Ese cúmulo de recuerdos daría para escribir muchas páginas, sin olvidar los momentos apoteósicos que se viven en la Sala de Música y el disfrute de obras de arte en sus exposiciones. Son demasiadas vivencias preciosas unas y otras más solemnes, que es imposible resumir en este espacio, pero están ahí como en un retablo con tantos nichos como recuerdos grabados en el espacio inagotable de la mente. El más rendido homenaje a través de un cálido saludo a todas las personas que han hecho posible erigir ese inmenso templo de la cultura, como uno de los más grandes monumentos de la cultura latinoamericana y del mundo. Gracias.

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