Corrían los últimos años 60 y recuerdo que eran tan aburridoras las clases en el colegio, que me escapaba, pero no a jugar billar, sino a leer lo que realmente me gustaba en la Biblioteca Luis Angel Arango. Allí pasaba las hora y salía a eso de las 2 de la tarde hacia mi casa como si hubiera estado en el aburridor colegio.
Con la perspectiva que da el tiempo, hoy sé que esas lecturas fueron determinantes en mi vida, así que la Luis Angel Arango es junto con mi hogar y el aburridor colegio, algo muy importante en mi vida.
Un recuerdo menor, pero que señala cómo ha cambiado la sociedad es el siguiente: en esas épocas se permitía fumar en las salas de lectura. Había tres ceniceros grandes de vidrio por mesa, y un empleado pasaba y los iba desocupando y limpiando. Hoy día esto sería inconcebible.

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