Pues tengo un amplio cúmulo de recuerdos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, porque fue allí donde vi por primera vez en mi vida una obra de arte contemporáneo cuando apenas comenzaba mis estudios de arte y me impacto profundamente. Aunque me causaba extrañeza y desasosiego, esta experiencia me motivo a querer involucrarme más en sus fundamentos y en gran medida terminó orientando mis intereses profesionales. Era una instalación de una artista, muy joven entonces llamada María Fernanda Cardoso que hacía parte de la muestra dentro del programa de Nuevos Nombres. A partir de ese momento me convertí en un asiduo seguidor de las distintas exposiciones que tienen lugar en las distintas salas de exhibición y me interesé cada vez más por aproximarme a los principios y bases de las prácticas artísticas más complejas de nuestra época. Adicionalmente, el acervo bibliográfico que posee la Biblioteca hizo que las salas de lectura se convirtieran en un aula adicional para mi formación y pasé incontables horas durante varios años consultando toda suerte de fuentes. Por mucho tiempo fui un visitante asiduo y casi diariamente me aventuraba a indagar en más y más textos que cambiaron enteramente mis ideas, no solo frente al arte -mi campo profesional- sino sobre todo otro conjunto de cosas. También fueron vitales para mi las cátedras internacionales de arte, que me conectaron de manera mas vivida con complejos y sofisticados discursos sobre el arte. Lamentablemente hablo en pasado, porque por las vicisitudes del trabajo terminé armando mi propia biblioteca de consulta para poder mantener vivos mis intereses intelectuales de acuerdo a mis horarios y disponibilidades de tiempo y no volví a consultar las bibliotecas públicas. Sin embargo, sigo siendo un fiel seguidor de las exposiciones que se realizan en la Luis Ángel que han mantenido vivas mis expectativas a pesar del paso del tiempo.

Anuncios