Recuerdo la modernidad y enormidad aplastante de la biblioteca en los años 60 respecto del entorno aun casi intacto del viejo barrio de la Candelaria. Recuerdo también los funcionarios-Hormiguitas que de pronto, prodigiosamente, se sumergían o escalaban el enorme vientre de la biblioteca en busca de nuestros pedidos bibliográficos. A una cuadra de la Biblioteca, por la calle 11, el Agustiniano donde mis pasos anduvieron. A otra cuadra esta vez por la carrera, la casa de la tía abuela y su fervorosa cocina a leña.

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