Gracias por la oportunidad de exponer estos recuerdos de mi infancia cuando casi ni alcanzaba a los muebles (ficheros) donde buscábamos la tarjetica con el código lleno de letras y números para encontrar el libro deseado y la sala con un aroma especial y el silencio que debíamos guardar cuando las personas que cuidaban la sala daban vueltas a nuestro alrededor cuando estábamos sentados en las mesas de lectura, se caminaba lento y el silencio era absoluto bueno y nunca se escucho timbrar un celular pues no existían. Felicitaciones porque con la cultura es que se forma y enriquece un país y así mismo la humanidad entera.

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