Recuerdo unas mesas largas, unos techos altos y el olor a libro. Recuerdo la luz de la sala de conciertos y un laúd en el escenario. No es que sea sorda, pero la Sala de Conciertos siempre me ha parecido una sala maravillosa, redonda, acogedora, con una luz sensacional y donde he visto los objetos más extraños. Recuerdo mi sorpresa cuando transformaron el hall de entrada y consulté por primera vez el catálogo por computador. Recuerdo también la exposición de Garaicoa y la de Boltanski. Siempre que pienso en la Biblioteca pienso en la calle 11 y en lo bonita que se ve al atardecer.

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