Con la BLAA salí a la jungla de cemento
El recuerdo más remoto que tengo de la BLAA, fue que, en mis primeros años de bachillerato, me sirvió para salir en conquista de la jungla de cemento.
Eso fue por allá a principios de los años noventa, cuando apenas empezada a gestarse la nueva democracia a la luz de (algo muy contradictorio) los obligatorios apagones debidos al fenómeno de El Niño. Y, afirmo que salí a la jungla de cemento porque me moví más allá de mi radio de acción: casa-colegio-casa, pero cabe anotar que en dicha jungla o, mejor, en dicho desierto, los dos entornos altamente hostiles para un niño de 12 años, encontré un oasis de sabiduría, artes, letras y música, incrustado en el entorno cultural más importante de la capital: el hasta hoy día emblemático barrio La Candelaria. Barrio del cual me volví vecino gracias a la actividad que desempeño como empleado del Banco de la República: mentor y gestor de la tan adorada “Luis Ángel”.

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