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Cordial saludo para todos los que de una o de otra forma hemos tenido que ver con la Biblioteca Luis Ángel Arango. Recuerdo que cuando salía de la oficina a almorzar, pasaba un rato a la sala de música y me recreaba escuchando las diferentes agrupaciones tocando JAZZ, proyectadas en pantalla gigante; y en otras ocasiones me deleitaba leyendo un libro de música, literatura o arte. ¡Que gratos recuerdos!

Tengo varios recuerdos especiales de la Biblioteca. El primer recuerdo son los conciertos de los domingos en el auditorio a los que iba con mis papas y mis hermanos cuando tenía 12 años. Estos tenían un cierto carácter educativo y los músicos y directores explicaban conceptos y hablaban sobre los instrumentos musicales y su historia. Yo la pasaba muy bien. Ese era el plan de los domingos.
El segundo es la vista que se tiene de Bogota cuando se sube por las escaleras a las salas de lectura. Siempre me ha parecido encantadora.
El tercero es la exposición de Carlos Garaicoa. Como en esos momentos hacia parte del grupo de guías tuve la oportunidad de ver el proceso de montaje y su desarrollo.

Recuerdo de la Biblioteca el vídeo donde salía el mimo de un programa de televisión que se llamaba la “Brújula mágica”, con su perro imaginario explicando como buscar los libros en la biblioteca.

Es aspirar todos sus aromas para que se metan por mi torrente sanguíneo y así disfrutar de los bellos momentos que paso en la Luis Ángel.

Tengo dos recuerdos muy gratos de la Luis Ángel, por allá a finales de los 70s, cuando era estudiante universitario. En la sala de música me leí en tres días frenéticos Rojo y negro, de Stendhal, una de las novelas más bellas que conozco. Inolvidable en mi memoria esa sala, con un cuadro del maestro Antonio Roda. Y en la biblioteca, por azar, descubrí un poeta extraordinario del que nunca antes había oído hablar: Fernando Pessoa. Aunque este último es un recuerdo agridulce: cada 5 minutos venía un guardia a decirme que no podía separar el libro de la mesa. Me sentía leyendo al lado de un policía. Y uno tercero, más reciente, de hace 2 años, en la sala de conciertos, un domingo en la mañana. Escuché a un grupo norteamericano de Gospel. Qué felicidad. Fue como si en verdad Dios existiera.

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